Cómo trabajo en una sesión de colaboración

Las colaboraciones existen para crear, experimentar, disfrutar del proceso y construir cosas interesantes entre profesionales del sector.

Precisamente por eso, me gusta dejar claros ciertos puntos antes de empezar. No para poner normas absurdas ni generar tensión, sino para que todo el mundo llegue a la sesión sabiendo cómo trabajo y qué puede esperar. Creo que es mejor no colaborar que hacerlo mal.

Cuando las expectativas están claras desde el principio, las sesiones fluyen mucho mejor y todo el mundo disfruta más del resultado.

Comunicación previa y grupo de trabajo

Antes de la sesión, normalmente creo un grupo de WhatsApp con todas las personas implicadas en el proyecto.

La idea es muy sencilla: que todo el equipo pueda conocerse previamente, intercambiar información, resolver dudas, compartir referencias, hablar de estilismo, maquillaje, horarios o cualquier detalle relacionado con la sesión.

También ayuda muchísimo a que nadie llegue el día del shooting sintiendo que está rodeado de completos desconocidos.

Aunque sea online, ya existe un contacto previo, una dinámica y cierta confianza entre todos. Y eso se nota muchísimo después delante de la cámara.

Además, estos grupos suelen terminar derivando en algo bastante natural: bromas, comentarios, referencias, ideas improvisadas y conversaciones distendidas que ayudan a romper el hielo antes de la sesión.

Puede parecer una tontería, pero hace que luego todo fluya de forma mucho más relajada y orgánica.

Al final, una sesión funciona mucho mejor cuando el ambiente humano también funciona.

Sobre el equipo humano y las colaboraciones

Con el tiempo he aprendido algo importante: una buena sesión no depende únicamente del nivel técnico o artístico de las personas que participan.

La actitud, la forma de trabajar, el respeto hacia el equipo y la capacidad de generar un entorno sano y profesional son igual de importantes.

Por ese motivo, me reservo el derecho de decidir con qué personas, agencias, diseñadoras o profesionales quiero trabajar.

No es algo personal ni un juicio absoluto sobre nadie. Simplemente entiendo las colaboraciones como espacios creativos donde tiene que existir compatibilidad profesional y humana entre las partes.

Igual que yo puedo no encajar con determinadas dinámicas de trabajo, otras personas pueden no encajar con la mía. Y no pasa nada.

Prefiero seleccionar cuidadosamente con quién colaboro antes que forzar proyectos donde sé de antemano que no va a existir una buena experiencia de trabajo.

La experiencia me ha enseñado que el resultado final de una sesión depende muchísimo más del ambiente, la implicación y la energía del equipo de lo que la gente imagina.

Y sinceramente, cuando el grupo humano funciona bien, todo lo demás suele salir mucho mejor.

Selección y entrega de fotografías

La selección final de las fotografías la realizo yo.

Y no es una cuestión de control, sino de equilibrio y viabilidad.

Una colaboración no funciona como un trabajo contratado. En una sesión remunerada existe un encargo concreto, una obligación de producción y unas horas de edición presupuestadas. En una colaboración, no.

Las colaboraciones las hago porque me gustan. Porque disfruto creando imágenes, trabajando con gente interesante y desarrollando ideas personales. No forman parte de una producción comercial donde tenga sentido generar cientos de fotografías editadas para cada participante.

Además, cuando la selección queda abierta a varias personas, ocurre algo completamente normal: cada uno quiere más imágenes. La modelo quiere determinadas poses, la diseñadora quiere fotos específicas de cada look, maquillaje quiere ciertos planos, peluquería otros… y al final una colaboración termina convirtiéndose en semanas de edición y gestión.

Ese no es el objetivo.

Prefiero entregar menos imágenes, pero bien trabajadas, coherentes y seleccionadas bajo un criterio fotográfico global.

Si en algún momento un proyecto requiere una producción mucho más extensa, una entrega concreta o una cobertura detallada de prendas, catálogo o contenido comercial, entonces hablamos ya de una producción profesional contratada, no de una colaboración creativa.

Y sinceramente, creo que es mejor dejarlo claro desde el principio para evitar frustraciones innecesarias para cualquiera de las partes.

La puntualidad

Llegar puntual es llegar tarde.

Para mí, llegar puntual significa llegar antes de la hora acordada.

No porque quiera militarizar una sesión de fotos, sino porque el tiempo de todos vale exactamente lo mismo.

Cuando una persona llega tarde, aunque sea “solo diez minutos”, normalmente la sesión completa se resiente:

  • se pierde luz,
  • se rompe el ritmo,
  • se retrasa maquillaje,
  • se generan prisas,
  • se acortan cambios,
  • y todo el equipo termina trabajando peor.

Por supuesto que existen imprevistos reales. A todos nos puede pasar algo puntual. Pero creo profundamente que la puntualidad refleja respeto hacia el trabajo y el tiempo de los demás.

Y en sesiones donde participan varias personas, ese respeto es todavía más importante.

Por eso siempre agradezco que todo el mundo llegue con margen, preparado y listo para empezar a la hora acordada.

Hace que todo funcione infinitamente mejor.

Sesiones con varias modelos o diseñadoras

Cuando trabajamos en equipo, necesito que todo el mundo esté implicado en la sesión y relativamente cerca del shooting.

No hace falta estar encima de mí constantemente, pero sí disponibles y atentos. No estés a una distancia que para llamarte tenga que dar un grito, el susurro es bello.

Si hay varias modelos, muchas veces surgen fotografías grupales, cambios rápidos o ajustes improvisados. Cuando parte del equipo está lejos, desaparecido o desconectado de la dinámica de la sesión, se pierde muchísimo tiempo reorganizando todo continuamente.

Con las diseñadoras ocurre algo parecido.

Me gusta que la diseñadora supervise cómo cae la ropa, cómo se comporta el tejido en cada pose, si una manga se ha movido, si un detalle importante no se ve correctamente o si hay que reajustar algo antes de disparar. Y si quieres grabar videos, hazlo, pero mientras disparo, y en la zona de disparo, no te vayas lejos.

La sesión funciona mucho mejor cuando la diseñadora forma parte activa del proceso.

Exactamente igual ocurre con maquillaje y peluquería. Hay pequeños detalles que cambian constantemente:

  • mechones desplazados,
  • maquillaje que pierde uniformidad,
  • brillos,
  • ropa que se mueve,
  • arrugas,
  • tirantes,
  • tejidos mal colocados…

Y cuanto más pendiente está cada profesional de su área, mejor queda el resultado final para todos.

No se trata de controlar a nadie. Se trata de trabajar como un equipo real.

El objetivo de todo esto

No busco crear sesiones tensas ni llenas de normas.

Al contrario.

Todo esto existe precisamente para que las colaboraciones sean agradables, fluidas y creativas.

Me gusta trabajar con gente profesional, implicada, relajada y con ganas de crear cosas bonitas sin convertir una sesión en una fuente de problemas, exigencias o conflictos innecesarios.

Si compartimos esa forma de entender una colaboración, normalmente el resultado suele ser espectacular.

Y si alguien prefiere trabajar de otra manera, no pasa absolutamente nada. Simplemente quizá no somos compatibles a nivel de dinámica de trabajo. Y es mejor saberlo antes que después.

Porque al final, una buena colaboración debería dejar ganas de repetir. No ganas de descansar de ella.

Además, estratégicamente esto hace otra cosa importante: filtra.

Y necesitas filtrar.

Porque la gente problemática siempre da señales antes de la sesión. El problema es que normalmente las ignoras para “no parecer difícil”. Luego pagas el precio en tiempo, desgaste y frustración.

¿Sigues queriendo trabajar conmigo? Si es que no, sin problema, dime hora y lugar, y echamos unas cervezas, bien fresquitas. Verás como nos reímos un rato.